Somalia: Hambruna y sequia en el cuerno del África

La peor sequía sufrida por el llamado Cuerno de África en 50 años ha adquirido en Somalia proporciones de devastación. A la guerra civil, que dura ya dos décadas, a la ausencia de una mínima presencia del Estado en el sur del país y a los elevados precios internacionales de los alimentos, se suma ahora el hambre. Cerca de cuatro millones de somalíes, casi la mitad de la población, necesita desesperadamente ayuda.
Las cifras son siempre imprecisas cuando se trata de África. Más en el caso de Somalia -un país sin ley ni estructuras administrativas dignas de tal nombre-, donde hace muchos años que no se daban las condiciones para declarar una hambruna. Naciones Unidas lo hizo el miércoles. Considera que en algunas regiones del país que se asoma al Índico el 30% de los niños sufre malnutrición aguda. Miles de personas han perdido la vida. Los casi 135.000 somalíes que han logrado huir andando a las vecinas Kenia y Etiopía, un éxodo de semanas, se encuentran con campos de refugiados desbordados.

La situación ha movilizado a la comunidad internacional, pero las coordenadas del desastre son complejas y van mucho más allá de los elevadísimos precios internacionales de los cereales y la sequía agudizada por el cambio climático. Somalia es un Estado fallido que desde hace 20 años se disputan con enorme violencia grupos armados de toda laya. El sur del país está controlado por Al Shahab, una milicia integrista islámica que Estados Unidos considera la franquicia local de Al Qaeda y que hasta comienzos de este mes no permitió el acceso de las organizaciones humanitarias a sus dominios. El Programa Mundial de Alimentos se retiró de la zona hace casi año y medio, debido a las condiciones impuestas por los fundamentalistas: tasas para repartir la ayuda y que ningún trabajador fuera mujer. Permanecer resulta una misión heroica para las ONG.

La FAO ha convocado a una reunión de emergencia. El reto imperativo de la comunidad internacional es hacer llegar ahora la ayuda inaplazable y masiva para evitar la muerte por inanición de decenas de miles de personas. Más complicado todavía será conseguir implantar estructuras estables de apoyo para que los olvidados somalíes dejen de ser rehenes de la guerra, el desgobierno y absoluta falta de planificación agrícola y económica.
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