Viernes Santo en Huácar

Escribe: Valentín Sánchez

La Semana Santa en el distrito de Huácar es, para decirlo de algún modo, bien huacarino. Todas sus gentes participan de algún modo: actuando en la Vía Crucis, vendiendo comida típica, transportando a los visitantes, informándoles qué de bueno y bonito tiene este lugar a la que se llega en menos de media hora de viaje desde la ciudad de Huánuco.

Es bien huacarino porque se ve orden y organización durante la recreación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo, uno de cuyos artífices es el alcalde Cléver Mori que desde el balcón municipal, con su polo verde, aprecia el montaje que se desarrolla bajo un sol esplendoroso, atenuado por un viento tierno, característicos de la tierra que otrora pisó el celebérrimo Simón Bolívar.

“Acá me voy a venir a vivir”, dice, medio en broma, medio en serio, Rodolfo Vega Billán, presidente de la Junta de Fiscales Superiores de Huánuco que, junto a su familia, toma asiento en una mesa en la casa de la familia Santamaría que, hoy Viernes Santo, ha puesto a la venta un suculento menú en el que el plato estrella es la trucha frita embadurnada con harina de trigo y maíz.

Son alrededor de 200 actores, todos huacarinos, que desde muy temprano tomaron sus emplazamientos: plaza de armas, puerta de la iglesia, orilla del río, frontis de una institución educativa. Son actores amateurs: niños, señoras, jóvenes, adultos, niñas, adolescentes que, movidos por una profunda fe religiosa, han reasumido la tradicional escenificación que se inició, cuentan los más añejos residentes, hace 30 años atrás, en 1982.

Nels Echevarría, docente de profesión, es Jesús. Camina de un lado a otro en la orilla del río Huacarmayo, junto al puente de ingreso a Huácar. Se arrodilla y posa sus manos en gesto de contrición sobre una piedra. Mientras la gente lo ve, se escucha un rumor que viene desde el puente: son sus verdugos que vienen a apresarlo.

“Acá se ve con tranquilidad la Vía Crucis”, sostiene Florencio Santiago, coordinador del Programa Juntos.

La municipalidad de Huácar ha invertido aproximadamente 10 mil nuevos soles: vestuario, escenografía, equipos de sonido, mejoramiento del acceso al Collormayo, el cerro desde donde se divisa Huácar y el valle en su amplitud y belleza, el lugar en el que crucificarán a Nels.

La apuesta es, afirma el alcalde Mori, en la noche, algunas horas después, en plena procesión, que Huácar se convierta en una alternativa de visita en Semana Santa y esa apuesta ha tenido eco entre sus paisanos: la iglesia católica, dirigida por el padre Víctor Fabián (acaba de asumir la conducción de esa iglesia y es natural de Huácar), y la Asociación de Jóvenes Vía Crucis, también están comprometidos con ese proyecto.

Tras comparecer ante los sacerdotes, Pilatos y Herodes, y recibir latigazos que han lacerado su espalda, Jesucristo inicia su trayecto de dolor, cargando su cruz. Lo sigue una retahíla de soldados, mujeres que piden a viva voz su muerte. El conglomerado humano pasa un puente, en la cabecera de Huácar y se aleja por una trocha inicialmente plana pero que luego asciende, asciende hasta la hacienda Collormayo, donde dos policías bostezan.

“Nuestra fortaleza es la geografía”, nos dice uno de los organizadores, una persona que en una bolsa lleva un pequeño triplay con la inscripción INRI y que nos va dando detalles del montaje y al que nos olvidamos preguntarle su nombre porque ya estamos en el momento de la crucifixión, señal de que la escenificación ha terminado y nuestra visita a Huácar también.








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